La idea de incentivar al estudiante (o a uno mismo) surge de que es una actividad poco practicada y que es en realidad una actividad enriquecedora. Ayuda a desarrollar la manera en que un texto es presentado y elaborado. Contribuye al desarrollo de la creatividad (porque el escritor es retado a elaborar un nuevo texto desde sus conocimientos previos, desde la investigación, desde una reflexión consigo mismo, o, si es posible, de la nada).
El escritor gana experiencia sobre nuevas, mejores y exitosas formas de escritura y/o presentación de texto. Al mismo tiempo, gana experiencia sobre el tema escrito producto de sus conocimientos previos (que dentro de sí indaga, busca, escudriña) y de los cuales genera nuevas, más sólidas y más elaboradas conclusiones. Esta reflexión que hace antes, durante y después de escribir una letra siquiera le dará una ventaja frente a aquel otro ser que no produzca textos escritos con regularidad. Lo que se traduce pues, para un lector externo y ajeno, en la cotejación de diferentes niveles de experiencia y conocimientos y que es extremadamente notable entre aquellos que leen de manera regular y entre aquellos que no.
¿Qué tanto es bueno escribir? Para eso no tengo una respuesta, pero como bien dice el dicho: "la práctica hace al maestro" aún cuando no se vean los resultados de manera inmediata o cuando sea frustrante en un principio.
La escritura, al igual que la lectura, es una actividad que consume tiempo; pero que presenta resultados soberbios de conocimiento y enriquecimiento personal, un tipo de especialización a nivel interno para el bienestar inmediato personal. Se escribe lo que se quiere, de lo que se siente, y cuando se quiere. No hay normas salvo las auto impuestas.
Y como decía Tom Hanks en aquella película de Forrest Gump, "...y eso es todo lo que tengo que decir con respecto a..." la escritura...por el momento ;-)
sábado, 18 de diciembre de 2010
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